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Santorín: el caballo más famoso del Perú

Diversos caballos peruanos nos representaron en competencias nacionales e internacionales, siendo Santorín y su hijo Galeano lo más recordados por los aficionados.
Fue el primer ejemplar en ganar la cuádruple corona de caballos en 1973. Foto: Imagen recreada con IA.
15:03 h - Jue, 23 Abr 2026

El Perú, pese a contar con una hípica relativamente pequeña desde sus inicios en comparación con países como Chile, Brasil o Argentina —que lo superan ampliamente en la crianza de caballos—, ha logrado destacar a nivel internacional. A lo largo del tiempo, ha obtenido diversos premios latinoamericanos y triunfos en competencias internacionales, consolidando su reconocimiento gracias a la calidad de sus ejemplares.

Uno de los grandes escenarios fue el Hipódromo de San Felipe, donde se realizó el Derby Nacional en 1955, siendo el caballo Río Pachanga, conocido como el Expreso, el primer campeón del pueblo. Este semental logró acercar a la hípica a muchos que desconocían sobre carrera de caballos.   

[Lee también: Los inicios de la hípica en el Perú]

Los años 70 fueron grandiosos para el turf peruano. En esa época destacaron los caballos Palatino, Primero de Mayo, Morada, Rafael, Asombro, Baruz. En el ámbito nacional e internacional, la figura estelar fue Santorín.

EL SALVADOR DE LA HÍPICA

Santorín nació en 1970, su fue padre inglés y su madre argentina. Su nombre se debió a la isla griega Santorini. Este ejemplar es un histórico caballo purasangre peruano (1970-1993) que ganó las cuatro coronas.

Es célebre por ser el primero en ganar la cuádruple corona de caballos en 1973: la Polla de Potrillos, Ricardo Ortiz de Zevallos, Derby Nacional y Gran Premio Nacional Augusto B. Leguía. Su mayor triunfo internacional fue el Gran Premio Internacional Carlos Pellegrini, ganado en Argentina en noviembre 1973, junto a su jinete Arturo Morales.

El caballo Santorín se convirtió en el salvador de la hípica peruana. Según cuentan en la historia, el presidente Juan Velasco Alvarado iba a expropiar los terrenos del Jockey Club para convertirlos en una villa deportiva. Sin embargo, con el triunfo de Santorín en Argentina dejó de lado esa idea.

La victoria de Santorín repercutió a nivel nacional y fue celebrada por todo el país, se formaron barrios enteros para ir a celebrar al exterior del Jockey Club. El veloz caballo se convirtió en ídolo y leyenda. En 1981, el escultor Miguel Baca Rossi levantó una estatua de bronce en su nombre, cuando el purasangre aún estaba vivo.

El campeón nacional fue llevado a Estados Unidos, pero sufrió para aclimatarse y adaptarse a las pistas norteamericanas. Sufrió una lesionó en un tendón y lo regresaron al Perú donde se convirtió en semental, hasta 1993, cuando murió.

En Haras Barlovento, uno de los criaderos de caballos de carrera más reconocidos de Perú, ubicado en el distrito de San Luis, en la provincia de Cañete, se encuentra el mausoleo de Santorín, el caballo más famoso del Perú.

EL DESCENDIENTE

El mismo año que falleció Santorín, otro caballo peruano ganó el Gran Premio Carlos Pellegrini. El purasangre Laredo, cabalgado por Edwin Talaverano, compitieron en el Hipódromo de Monterrico, en diciembre de 1993, ganando este premio para el Perú por segunda vez.

Otra gran figura de la década del 70, fue la yegua Flor de Loto, considerada una de las mejores de Sudamérica por su velocidad y el gran triunfo en las canchas de Palermo en Argentina y Maroñas en Uruguay.  Durante los años 80, sobresalieron la potranca Lady Embassy. También, los caballos Pivote, Galeno, el Duche y That pólice.

Otro ejemplar importante en la hípica, fue el caballo Galeno, ganador del Derby Nacional en 1984 y obtuvo el Gran Premio Latinoamericano en 1987, el cual fue disputado en Monterrico. Este ejemplar se recuerda por ser hijo del campeón nacional, Santorín.

En la carrera de 1984, el narrador de ese entonces era Augusto Ferrando quien vivió emotivamente esa competencia como lo hizo con Santorín, en Argentina 14 años antes. En ese entonces le decía “No te pares negrito lindo”, frase que quedó inmortalizada entre los más de 47 000 personas que asistieron a la carrera.

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